.png)
A lo largo de la historia se han empleado las más diversas fórmulas y los más variados ingredientes para obtener un producto que hiciera posible ganarse el amor de la persona deseada.
Demócrito, por ejemplo, era popular por su habilidad para preparar drogas amorosas. Paracelso escribe también sobre ellas, aunque no deja receta alguna, e incluso Shakespeare atribuye el poder de Otelo sobre Desdémona al uso de drogas y conjuros.
En la Inglaterra isabelina, las raíces de acebo marino se empleaban como tónico amoroso entre los caballeros. En ese período se hizo también popular una mezcla de tales raíces con regaliz y azúcar, que se conocía con el nombre de confite de beso.
Drayton destaca el efecto mágico del eneldo en las pociones, y los dramaturgos y poetas de la restauración dejan constancia en sus obras del empleo frecuente de hierbas y polvos eróticos.
Durante el Renacimiento, los boticarios y los brujos de toda Europa llenaron sus arcas gracias a la comercialización del encanto del amor y la copa del amor. En Venecia, en la época en que el amor y el placer alcanzaron las más grandes alturas, se publicaron infinidad de obras que contenían recetas con ingredientes curiosos, y en ocasiones revolucionarios, para inspirar el amor.
Los miembros sexuales de los animales, la sangre de las pelirrojas, los corazones de sapos y culebras y hasta la sangre de los murciélagos se encontraban en los componentes de estas extrañas pócimas.
El alcohol endulzado con azúcar era un restaurativo frecuentemente empleado en Francia. Su fórmula se compuso para restaurar el amor y el vigor del ya anciano monarca Luis XIV.
Aún hoy, siguiendo esta tradición, en algunos países se condimentan los pasteles nupciales con azúcar y alcohol. También las frutas se consideraban en Francia como instrumentos de seducción amorosa. Savarin, por ejemplo, relata la historia de una reputada dama francesa que estuvo a punto de rendirse a las insinuaciones del apuesto Verseuil. Al parecer, el culpable de su predisposición no era otro que el pollo trufado que ambos habían comido.
Los filtros de hierbas se han empleado frecuentemente para conseguir el éxito en el amor: la verbena, el jazmín, la valeriana, la anémona y el helecho son algunas de las plantas más empleadas por su supuesta naturaleza erótica.

En Grecia, la cebolla era tan empleada como remedio para el amor que se la llamó filtron, si bien en ese país se utilizó hasta la saciedad una planta conocida como storgethron, que, según parece, no era otra cosa que puerro casero. El mismo tipo de virtudes se atribuyeron en todos los países al mirto.
Existen infinidad de ingredientes para preparar pócimas de amor, si bien una de las más populares recetas para elaborar el verdadero polvo de amor es la que se encuentra en el Gabinete Dorado de los Secretos:
«Se toma helenio, semillas de flores, verbena y bellotas de muérdago.
Después de secar todo esto muy bien en un horno, se machaca bien hasta pulverizarlo. Se echa en un vaso de vino y se le da a la persona escogida, produciendo efectos maravillosos a favor de la persona que lo suministra».